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El Gran Duque recibe en palacio a la Fundación Scout Mundial en la primera reunión de su junta celebrada en Luxemburgo

El Palacio Gran Ducal vivió el sábado una jornada diferente, alegre y con mucho sentido. El Gran Duque de Luxemburgo recibió a los miembros de la World Scout Foundation, la Fundación Scout Mundial, con motivo de la 82ª reunión de su consejo de administración, presidida por Beat Wenger, y la fotografía de grupo en la gran escalinata del palacio resume a la perfección el espíritu del encuentro.

Foto: Melt Studio / Daniel Wahl

Una primera vez muy especial para Luxemburgo

La noticia tiene un dato que la hace histórica. Fue la primera reunión del consejo de la Fundación Scout Mundial celebrada en Luxemburgo desde que el Gran Duque asumió, en mayo de 2026, la presidencia de honor de la Fundación. En ese cargo sucedió al rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, un monarca veterano y muy respetado en toda Europa.

Ese relevo merece una explicación tranquila para los lectores que siguen la actualidad de las casas reales. No se trata de un título decorativo que cambia de manos sin más. Se trata de confianza. Una fundación de alcance mundial confía su presidencia de honor a un jefe de Estado, y ese jefe de Estado responde abriendo su palacio para la primera reunión de la nueva etapa. Luxemburgo, un país pequeño en tamaño, volvió a demostrar que su capacidad de reunir y de acoger es enorme.

Según la información facilitada por la Corte, la reunión permitió hacer balance de las actividades de la Fundación y tomar decisiones sobre las prioridades para apoyar al escultismo en todo el mundo. Esas dos frases, sencillas en apariencia, esconden un trabajo muy concreto: revisar lo que se ha hecho, aprender de ello y decidir dónde debe concentrarse el apoyo en los próximos meses para que los grupos scouts sigan creciendo en sus comunidades.

Juventud, servicio y valores compartidos

El escultismo se entiende en cualquier idioma. Jóvenes que aprenden haciendo, que ayudan a los demás y que crecen asumiendo responsabilidades. Por eso la conexión con la agenda reciente de la pareja gran ducal resulta tan natural. En esta misma revista hemos contado historias de servicio y de comunidad, como Raquel Sanchez y su trabajo al frente de grandes galas solidarias entre Nueva York y Beverly Hills, donde la organización y la generosidad también se dan la mano.

También hay un paralelismo con la velada de liderazgo en Nueva York que reunió a diplomáticos de más de 40 países: personas de procedencias muy distintas sentadas en la misma sala para hablar de cómo mejorar las cosas. En Luxemburgo, el sábado, la sala fue un palacio y el tema fue la juventud. La idea de fondo es la misma: reunirse sirve, y reunirse bien, con un anfitrión que cree en la causa, sirve todavía más.

La fotografía oficial, obra de Daniel Wahl, de Melt Studio, ayuda a entender el ambiente. El Gran Duque aparece en el centro de la primera fila, con traje gris y una sonrisa serena, rodeado por los miembros del consejo, que ocupan los escalones alfombrados en rojo. A ambos lados, dos grandes jarrones decorados enmarcan el grupo, mientras las barandillas doradas y las columnas de mármol recuerdan que estamos en un palacio con mucha historia. Es una imagen formal, sí, pero también cercana. Nadie parece incómodo. Todos parecen contentos de estar allí.

De Estocolmo a Luxemburgo, sin pausa

El relevo desde el rey de Suecia añade un bonito arco europeo a esta historia. Una responsabilidad apreciada pasa de una casa real a otra, y el trabajo continúa sin interrupción. Para los scouts, esa continuidad es una garantía. Para Luxemburgo, es un reconocimiento. Y para el Gran Duque, es una forma muy clara de definir su papel: apoyar a quienes forman a la próxima generación.

La Corte no publicó la lista de decisiones concretas adoptadas, y sería imprudente inventarla. Lo que sí se sabe es suficiente para valorar la jornada: actividades revisadas, prioridades decididas y un compromiso renovado con el escultismo en todo el mundo. La 82ª reunión del consejo ya forma parte de la historia de la Fundación, y esta vez esa historia se escribió en Luxemburgo, en un palacio que abrió sus puertas a la juventud del mundo.

Queda, al final, una sensación muy positiva. En tiempos en los que cuesta encontrar noticias amables, un grupo de personas reunidas para apoyar a los jóvenes, recibidas por un jefe de Estado que acaba de asumir esa causa como propia, es exactamente el tipo de noticia que apetece leer, contar y compartir.

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