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Hong Kong prueba su primer robotaxi comunitario en Tung Chung con 600 billetes gratuitos

Hong Kong dará un paso muy concreto hacia el transporte sin conductor. No será una demostración cerrada para ingenieros ni una foto para una feria tecnológica. Será un servicio pensado para vecinos, con horarios, parada de espera, billete en papel y un recorrido real por las calles de Tung Chung, en la isla de Lantau. La prueba de Apollo Go, de Baidu, se anunció el 13 de octubre de 2026 en un documento del Departamento de Transporte presentado ante el Consejo del Distrito de las Islas, y se presenta como el primer ensayo comunitario y público de robotaxis en Hong Kong.

Dos semanas de viajes, cada tarde

El ensayo durará 14 días, del 21 de octubre al 3 de noviembre, con viajes entre las 14.00 y las 18.00 horas. Antes de abrirse al público general del barrio, los concejales tendrán una presentación previa el 20 de octubre. El planteamiento es sencillo y, precisamente por eso, resulta interesante: un circuito cerrado, bien medido, repetido durante dos semanas para que la experiencia no dependa de un único día perfecto.

El recorrido tendrá 5,1 kilómetros y durará unos 15 minutos. Saldrá del aparcamiento número 1 de Yat Tung Estate, seguirá por Chung Yan Road, Yu Tung Road y Yi Tung Road, llegará hasta el hotel Sheraton Hong Kong Tung Chung y regresará al punto de partida. No habrá paradas intermedias ni bajadas a mitad de camino. Esa limitación, lejos de ser un defecto, ayuda a entender la fase en la que está la tecnología: primero un trayecto claro y controlable, después redes más amplias.

La zona de espera estará frente a la escuela Salvation Army Lam Butt Chung Memorial School, cerca de Mei Yat House. Es un detalle práctico que dice mucho. Un robotaxi no es solo un coche que se mueve solo. También es una parada reconocible, una fila ordenada, personal que resuelve dudas y un lugar donde los pasajeros saben exactamente qué va a pasar.

600 billetes y hasta 1.200 pasajeros

Se repartirán 600 billetes en total y cada vehículo podrá llevar como máximo a dos pasajeros, por lo que hasta 1.200 personas podrán participar. Los concejales recibirán 540 billetes para distribuirlos entre los vecinos. Los viajes serán gratuitos, la reventa estará prohibida y hará falta el billete físico para subir. En tiempos de aplicaciones para todo, el papel cumple aquí una función útil: controla el acceso sin excluir a quien no domina el móvil.

Podrán viajar personas a partir de 8 años o con una altura mínima de 1,35 metros. Todavía no se ofrecen sistemas de retención infantil y los coches no cuentan aún con adaptaciones de accesibilidad sin barreras. Conviene decirlo con claridad porque marca la diferencia entre una prueba seria y una promesa redonda. El servicio nace con límites conocidos, y esos límites formarán parte de lo que haya que mejorar si el ensayo se convierte en una línea regular.

Por qué importa un circuito de barrio

Muchas ciudades han visto robotaxis en distritos financieros o zonas de oficinas. Tung Chung plantea otra pregunta: ¿puede funcionar este transporte en la vida diaria de un barrio residencial, junto a viviendas, una escuela y un hotel? La respuesta vale para urbanistas de medio mundo. Si el sistema se integra bien en un entorno así, su utilidad va mucho más allá del asombro inicial.

La tecnología de conducción autónoma avanza en paralelo a otras formas de inteligencia aplicada al día a día, como el modelo Muse Wonder presentado por Meta. Pero en la calle la prueba es distinta. No basta con que el software sea brillante en una presentación. Tiene que frenar a tiempo, entender el tráfico local y transmitir confianza a una persona que se sienta detrás sin nadie al volante.

Qué observar durante el ensayo

Habrá que mirar la puntualidad, la facilidad para encontrar la parada, el tiempo de espera y, sobre todo, la sensación de los pasajeros al bajar. ¿Repetirían? ¿Lo recomendarían a un familiar mayor? ¿Lo usarían para llegar a un hotel o para volver a casa con bolsas? Esas respuestas, tan humanas, pesarán tanto como los datos técnicos.

Para los viajeros, el atractivo es evidente: un trayecto corto, previsible y sin coste durante la prueba. Para las ciudades, el valor está en aprender sin improvisar una red completa de golpe. Y para el sector, Tung Chung ofrece algo escaso, una medición pública en un barrio de verdad. Si los 14 días salen bien, Hong Kong no habrá resuelto de golpe el futuro del taxi, pero sí habrá demostrado algo importante: que ese futuro puede empezar, con orden y con vecinos dentro, en una calle concreta de Lantau.

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