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La Gran Duquesa Estefanía visita el dropIn de la Cruz Roja junto a la estación de Luxemburgo, un refugio abierto desde 1998

Hay una puerta blanca, muy cerca de la estación central de Luxemburgo, por la que cada día pasa mucha gente sin fijarse. Detrás de esa puerta funciona uno de los servicios sociales más especiales del Gran Ducado: el dropIn, el servicio médico-psicosocial de la Cruz Roja luxemburguesa destinado a las trabajadoras y los trabajadores sexuales. Este miércoles, la Gran Duquesa Estefanía cruzó esa puerta, conoció a su equipo y puso el foco en un trabajo que casi nunca sale en las fotos.

Foto: Maison du Grand-Duc

Una promesa que se cumple desde 1998

El dato que define a esta historia es una fecha. El dropIn abrió sus puertas en 1998. Es decir, lleva 28 años funcionando con las mismas reglas de oro: se respeta el anonimato, nadie es juzgado y el ambiente es seguro y de confianza para todas las personas que acuden a él.

Puede parecer sencillo, pero no lo es. Quienes trabajan en el mundo de la prostitución suelen alejarse de las instituciones por miedo a ser señalados. Un servicio que garantiza lo contrario, que no pide ni el nombre para empezar a ayudar, construye algo muy valioso: confianza. Y a partir de esa confianza se construye todo lo demás.

La Gran Duquesa conoce bien este terreno. Es la presidenta de la Cruz Roja luxemburguesa, y en esta misma revista contamos hace poco cómo recibió al nuevo responsable de la Cruz Roja en el castillo de Berg. La visita del miércoles fue la otra cara de esa misma presidencia: menos despacho y más calle, en pleno barrio de la estación, conociendo de primera mano uno de los servicios más delicados de la organización.

Qué ofrece el dropIn por dentro

La información facilitada por la Corte es muy concreta. Todos los servicios son gratuitos. Hay acompañamiento social y jurídico, consultas médicas y una sala de descanso en el corazón del centro, un lugar donde simplemente estar a salvo un rato. Los objetivos declarados son proteger la salud de las personas atendidas y combatir la exclusión social que tantas veces las rodea.

Además, a través del programa EXIT, el dropIn acompaña a quienes desean abandonar ese mundo y empezar una vida nueva. No se trata de un folleto ni de un consejo rápido: se trata de un apoyo continuado para reconstruir ingresos, vivienda, papeles y confianza. Ese tipo de ayuda solo funciona cuando la relación de confianza se ha creado mucho antes, y eso es exactamente lo que el servicio lleva haciendo desde 1998.

El trabajo del equipo tampoco se queda dentro del edificio. Sus profesionales salen a la calle, donde realizan labores de prevención y dan a conocer la oferta del dropIn. Es una labor discreta y esencial, porque las personas que más necesitan un servicio anónimo y acogedor son, a menudo, las que menos probabilidades tienen de ir a buscarlo por su cuenta.

Una fotografía que lo dice todo

La imagen oficial de la visita merece una mirada tranquila. La Gran Duquesa aparece en el centro de un grupo de nueve integrantes del equipo, delante de las puertas blancas del servicio, con su pequeño logotipo de un paraguas rojo visible justo detrás. Lleva un traje azul de corte relajado, una blusa blanca y un pequeño bolso oscuro entre las manos, y sonríe con naturalidad. Nadie lleva uniforme y nadie posa con rigidez. Parece una foto de equipo, y en el fondo lo es: la presidenta de la Cruz Roja, orgullosa entre su gente.

El contraste con otros actos recientes de la casa gran ducal es bonito de ver. Hace solo unos días, esta revista contó cómo el Gran Duque recibió en palacio a la Fundación Scout Mundial, con su gran fotografía en la escalinata. El miércoles no hubo escalinata ni ceremonia: hubo una puerta blanca junto a la estación y un equipo que lleva 28 años cumpliendo su palabra. Las dos escenas forman parte del mismo reinado, y la segunda dice tanto o más que la primera.

Al final queda una sensación muy positiva. En una ciudad que corre de tren en tren, hay un rincón donde el tiempo se detiene para escuchar sin juzgar. Que la Gran Duquesa haya querido visitarlo, fotografiarse con su equipo y contarlo al mundo es una forma elegante y muy humana de recordar que la dignidad no entiende de oficios ni de etiquetas.

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