Luxemburgo vivió este jueves una noche de tenis con invitado de honor. El Gran Duque Guillermo asistió, en la Coque, el centro nacional de deportes y cultura del barrio de Kirchberg, al primer partido de cuartos de final del Luxembourg Ladies Tennis Masters 2026, que enfrentó a dos antiguas estrellas del circuito: la alemana Angelique Kerber y la puertorriqueña Monica Puig.
Foto: Maison du Grand-Duc
La campeona defensora, sin contemplaciones
Kerber, defensora del título, resolvió el encuentro en dos sets, 6-2 y 6-3, cediendo solo cinco juegos en toda la noche. Fue una exhibición de todo lo que la convirtió en campeona de tres torneos de Grand Slam y en número uno del mundo: restos bajos y profundos, ángulos zurdos que sacan a la rival de la pista y una concentración que no decae ni entre punto y punto. Quien esperaba una versión relajada de Kerber, propia de un torneo de leyendas, se encontró con la competidora de siempre.
Puig, por su parte, se ganó al público de la Coque. La puertorriqueña, cuya medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016 sigue siendo una de las grandes gestas del tenis latino, arriesgó en el segundo set, entró en la pista y buscó golpes ganadores con valentía. No le alcanzó para forzar un tercer set, pero el abrazo en la red y la ovación final reconocieron su entrega.
Felicitaciones del Gran Duque
Al terminar el partido, el Gran Duque felicitó a las jugadoras por su encuentro y deseó un excelente torneo a todas las participantes, según informó la Corte gran ducal. La fotografía oficial resume el ambiente: Guillermo en el centro de la pista azul, Puig de lila a un lado y Kerber de azul marino al otro, rodeados por invitadas del torneo y con las gradas de la Coque al fondo. Una imagen cercana, deportiva y luminosa, muy en la línea del nuevo reinado luxemburgués.
Ese estilo se está viendo en toda Europa esta semana. En España, como contó esta revista, los Reyes presidieron en Barcelona la entrega del Premio Planeta a Isabel Allende, una noche de literatura y ceremonia. En Dinamarca, el príncipe heredero Christian cumplió 21 años con retrato de gala y la más alta distinción del país. Y en Noruega celebramos a la reina Sonia, artista de la arcilla, con sus macetas monumentales. Frente a tanta gala, Luxemburgo apostó por el deporte en directo, y le salió redondo.
Un torneo de leyendas con sentido
Los torneos de leyendas cumplen una función que va más allá de la nostalgia. Para el público joven, ver de cerca a Kerber y a Puig es una lección de trayectorias: la alemana ganó su primer grande a los 28 años y terminó con tres; la puertorriqueña tocó el cielo olímpico siendo una jugadora sin cartel de favorita. Son dos historias de perseverancia que el deporte femenino sigue necesitando contar, y la presencia del Gran Duque garantizó que las imágenes de la noche lleguen a toda una nueva generación de jugadoras luxemburguesas.
También hay un efecto ciudad. Una noche así llena gradas, anima restaurantes y proyecta la imagen de Kirchberg mucho más allá de las fronteras del Gran Ducado. Que el jefe del Estado ocupe un asiento en primera fila no es un detalle protocolario menor: es la manera luxemburguesa de decir que el deporte, y en especial el deporte femenino, forma parte de la vida pública del país.
El torneo continúa en la Coque y Kerber ya es, con diferencia, la rival a batir. Puig se marcha con el cariño del público y la felicitación personal del Gran Duque. Y Luxemburgo suma una página más a su otoño real: menos pompa, más pista, y un soberano que disfruta del espectáculo exactamente igual que sus ciudadanos.












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