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La gran duquesa Estefania vuelve a Anvaing, el pueblo belga de su infancia, entre recuerdos y una calida bienvenida

Hay regresos que no necesitan grandes escenarios. Este viernes, la gran duquesa Estefania de Luxemburgo volvio a Anvaing, la localidad belga de la comuna de Frasnes-lez-Anvaing donde paso su infancia, acompanada por el gran duque Guillermo. El ayuntamiento les recibio con una recepcion en su honor, y el ambiente, segun relato la propia Corte, fue calido, cercano y lleno de recuerdos.

Photo: Commune de Frasnes-lez-Anvaing / Cour grand-ducale

Una recepcion en el ayuntamiento de su pueblo

La escena lo dice todo. En la fotografia oficial, Estefania, con un elegante vestido azul marino de manga larga, sonrie en el centro de la imagen. A un lado, el gran duque Guillermo, con un traje cruzado oscuro y corbata clara de lunares. Al otro, el alcalde de la comuna, con su banda negra, amarilla y roja. Detras, unos ventanales de vidrieras con escudos heraldicos en rojo y azul, y delante, una fila de dalias rosas y naranjas sobre la mesa del consistorio.

La Corte gran ducal subrayo que el acto puso en el centro los recuerdos y el estrecho vinculo que unen a la gran duquesa con Anvaing, una localidad a la que sigue profundamente unida. No es un lenguaje habitual en los comunicados oficiales, y precisamente por eso resulto tan elocuente: no fue una visita mas, fue una vuelta a casa.

La nina del castillo de Anvaing

Estefania nacio en Ronse en 1984 como condesa Estefania de Lannoy, la menor de ocho hermanos, y crecio en el castillo de Anvaing, la casa familiar en esta misma comuna de la campiña de Henao, cerca de la frontera con Flandes. En octubre de 2012 se caso con Guillermo en una de las grandes bodas reales de la decada, y hoy la pareja tiene dos hijos, los principes Carlos y Francisco.

Un ano despues del Trounwiessel, el relevo en el trono que convirtio a Guillermo en gran duque, el regreso a Anvaing tiene una lectura especial. La gran duquesa es belga de nacimiento, y su historia personal une a dos paises vecinos que comparten frontera, idiomas y miles de historias familiares. Este tipo de gestos, pequenos en apariencia, son los que mejor cosen esa relacion.

Una semana real muy completa

La visita llego al final de una semana intensa para la pareja. El jueves, el gran duque asistio en el centro deportivo de la Coque a los cuartos de final del Luxembourg Ladies Tennis Masters, donde felicito a Angelique Kerber y Monica Puig. Dias antes, la gran duquesa habia visitado un servicio de la Cruz Roja junto a la estacion de Luxemburgo y habia participado en la inauguracion de una exposicion de arte en la capital.

El contraste con otros escenarios reales de la semana es parte del encanto. Mientras en Suecia la princesa heredera Victoria recorria la Costa Alta, un litoral que sigue emergiendo del mar, y en Nueva York el Balanchine Ball convertia el ballet en la gran fiesta joven de la temporada, Luxemburgo apostaba por la escala humana: un pueblo, un ayuntamiento y una gran duquesa entre los suyos.

El valor de volver a casa

Las monarquias europeas buscan hoy cercania, y pocas cosas la transmiten mejor que una vuelta a las raices contada sin artificio. Para Anvaing, el viernes sera un dia que se contara durante anos: la nina del castillo regreso convertida en gran duquesa y trajo consigo a su marido. Para Luxemburgo, la imagen que queda es igual de valiosa, la de una soberana que sabe exactamente de donde viene.

Queda, ademas, una promesa implicita. Algun dia, los pequenos principes Carlos y Francisco conoceran las calles y el castillo donde su madre fue nina. La historia real suele escribirse en los palacios, pero este viernes se escribio, con dalias sobre la mesa, en el ayuntamiento de un pueblo belga.

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