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Felipe VI se reconoce en el espejo de Iberoamérica y brinda por el convivio en la cena del Palacio Real

Hay discursos que se olvidan al salir del teatro y otros que se quedan flotando sobre toda una cumbre. El de Felipe VI en el Teatro Real pertenece a los segundos. Los Reyes presidieron este miércoles 4 de noviembre la inauguración de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en Madrid, y el Rey regaló a los líderes reunidos una imagen que ya es el titular de la semana: como tantos españoles, cada día más, él se reconoce, orgullosamente, en el espejo de Iberoamérica.

La Casa Real, @casareal.es, contó la tarde en un carrusel cuya primera fotografía es ya la foto de familia oficial de la cumbre. Bajo una enorme pancarta blanca con el 30 dorado y rojo del encuentro y su título en dos lenguas, Cumbre y Cimeira, los jefes de Estado y de Gobierno forman dos largas filas sobre el mármol del Teatro Real. En el centro exacto de la imagen están los anfitriones: el Rey, de traje oscuro y corbata de puntos, y a su lado la Reina Letizia con su vestido largo azul marino de hombro descubierto, el mismo que deslumbró en el retrato con el que los Reyes inauguraron la cumbre en el Teatro Real.

Foto: @casareal.es

Un espejo, una brújula y una palabra prestada

El Rey completó la metáfora con otra igual de precisa. Esa identidad compartida, dijo, situada entre el pasado y el futuro, entre la memoria y la aspiración, es una brújula indispensable para navegar este convulso siglo XXI. La cumbre, que se celebra los días 4 y 5 de noviembre, busca precisamente reafirmar y actualizar la Comunidad Iberoamericana, poner en valor su utilidad para la ciudadanía y proyectarla hacia el futuro y el mundo. Dicho por el anfitrión, el espejo cambia el sentido habitual de estas citas: España no solo recibe a la familia, se mira en ella.

Después llegó la cena que los Reyes ofrecieron a los jefes de Estado y de Gobierno en el Palacio Real de Madrid, y con ella la segunda palabra de la noche. Hay un término, explicó el Rey, de uso más frecuente en la América de habla hispana que en España, que define bien esa cena: convivio. Encierra un matiz de encuentro, pero también de vivencia, y esa es, añadió, la esencia de las cumbres, cuya agenda marcan casi siempre los asuntos centrales de la vida cotidiana. Es la misma línea que la semana ya había dibujado con hechos, desde la tarjeta que Felipe VI presentó para 90 millones de personas con discapacidad hasta los honores empresariales de los que dimos cuenta cuando el Rey clausuró el Encuentro Empresarial en Las Ventas.

Lo que queda por delante

Este jueves, la sesión plenaria reunirá a los líderes en la Galería de las Colecciones Reales, donde las metáforas tendrán que convertirse en acuerdos. Pero la memoria de la trigésima cumbre ya tiene sus dos palabras, espejo y convivio, y su fotografía: decenas de líderes, una pancarta gigante y un matrimonio real en el centro. La publicación de la Casa Real superó los 2.700 me gusta en pocas horas entre sus 1,46 millones de seguidores. Madrid pidió una brújula para su cumbre. Su Rey trajo también un espejo, y una cena con nombre propio.

Y hay un detalle que no conviene pasar por alto: el Rey eligió para su frase más íntima un plural generoso, tantos españoles, cada día más. No habló solo de sí mismo ni de la Corona, habló de un país entero que se descubre en el otro lado del Atlántico y se reconoce. En tiempos de discursos defensivos, esa frase suena a lo contrario: a una identidad que se ensancha mirándose en los demás. Por eso la foto de familia funciona tan bien como ilustración del discurso, porque en ella nadie posa de invitado. Todos, empezando por los anfitriones, posan de parientes.

Foto: @casareal.es


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