La mayoría de los expositores de un salón del automóvil muestra coches. XPENG ha optado por construir un museo. En el Salón del Automóvil de París, inaugurado el 12 de octubre, la compañía ocupa en el Pabellón 6 un espacio de más de 1000 metros cuadrados organizado como un Museo de la IA Física, con cuatro áreas dedicadas a su tecnología, sus vehículos definidos por inteligencia artificial, sus robots humanoides y sus coches voladores. En el centro de todo está el gran anuncio: el lanzamiento mundial del G9L, su nuevo SUV insignia de inteligencia artificial, con apertura de pedidos y precios para Europa.
La propuesta puede parecer espectacular, pero tiene una lógica técnica que la sostiene. XPENG defiende que un coche, un robot humanoide y un vehículo volador son, en el fondo, máquinas del mismo tipo: sensores que perciben el entorno, un cerebro potente de inteligencia artificial y la capacidad de moverse por el mundo físico. Su concepto de coche como robot sitúa a vehículos y robots sobre una misma plataforma tecnológica, y el G9L lo hace tangible.
Una misma base para coches, robots y aeronaves
El G9L funciona con el modelo de conducción VLA 2.0 de la compañía, apoyado en la familia de chips de inteligencia artificial Turing, la misma línea de procesadores que impulsa a su robot humanoide IRON. No es un detalle menor de marketing. Significa que el aprendizaje obtenido en carretera, en percepción, predicción y planificación, puede aprovecharse en otras máquinas que también deben interpretar lo que les rodea y decidir cómo moverse con seguridad.
El presidente y director ejecutivo, He Xiaopeng, ha explicado esa filosofía con claridad: la empresa construyó una base propia de inteligencia artificial a partir de su trabajo en coches inteligentes y robots humanoides, y esa base alimenta ambos mundos. En ese contexto, IRON no es una mascota del expositor ni un reclamo para fotos. Es un producto hermano del SUV que tiene aparcado al lado, con el que comparte silicio y linaje de software. Lo mismo ocurre con el programa de coche volador y con el concepto conocido como Land Aircraft Carrier, presente también en el espacio de París.
El G9L, en cifras
El protagonista es un SUV grande de gama alta. Mide 5120 milímetros de largo y tiene una distancia entre ejes de 3100 milímetros, dimensiones que prometen un interior amplio para familias y viajes largos. Se ofrecerá en versiones totalmente eléctricas y con autonomía extendida, una combinación pensada para adaptarse a distintos usos y a distintas redes de recarga en los mercados donde se venda.
XPENG subraya además el trabajo de seguridad y de pruebas previo al lanzamiento, con pruebas en numerosos países y un kilometraje acumulado muy elevado durante su desarrollo. Para vender un modelo insignia en Europa, ese esfuerzo forma parte del precio de entrada, y la marca parece decidida a mostrarlo en público, sin esconder la ambición de competir de tú a tú en el segmento prémium.
Europa como parte central del plan
París no es una parada casual. El G9L está previsto para 64 países y regiones, y se fabricará en dos lugares: Guangzhou, en China, y Graz, en Austria. La producción europea refuerza la estrategia resumida en la idea de estar en Europa y trabajar para Europa, apoyada también por un centro de investigación y desarrollo en Múnich que adapta sus sistemas de conducción inteligente a las carreteras y normas europeas.
Ese enfoque local tiene una lectura que va más allá de la industria del automóvil. Las comunidades crecen cuando la innovación crea empleo, colaboración y presencia real en el territorio, una dinámica que también se percibe en la vida cívica y cultural, como mostró la celebración neoyorquina en honor a Leandro y Denise Rizzuto. En el caso de XPENG, fabricar en Graz y desarrollar en Múnich es una manera de decir que el mercado europeo no es solo un destino de exportación, sino un lugar donde la compañía quiere echar raíces.
Conducir para creer
La empresa también quiere que el público pruebe su tecnología, no solo que la mire en un pedestal. Su participación en programas de prueba de conducción inteligente durante el salón pone el sistema delante de pasajeros reales, en tráfico real, con peatones y bicicletas. Para una compañía de inteligencia artificial que vende coches, esa es la prueba más honesta: desde el asiento del acompañante, el sistema transmite confianza o no la transmite, y ningún folleto puede sustituir esa sensación.
Queda por ver cómo responderán los compradores europeos, un público exigente en calidad, seguridad, servicio posventa y precio. Pero el mensaje de París es difícil de ignorar. XPENG no ha venido a presentar únicamente un SUV nuevo. Ha venido a presentar una visión en la que el coche, el robot que camina por casa y el vehículo que vuela comparten un mismo cerebro. Si esa visión se cumple aunque sea en parte, el G9L será recordado no solo por su tamaño o por su equipamiento, sino por haber sido el escaparate rodante de una idea mucho más grande: la inteligencia artificial que sale de la pantalla y aprende a moverse en el mundo.







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