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Felipe VI recibe en La Zarzuela a António Guterres, secretario general de la ONU, en plena Cumbre Iberoamericana

La semana de la cumbre madrileña sumó este jueves un invitado de talla mundial. El Rey Felipe VI recibió a António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, en el Palacio de La Zarzuela, en un encuentro que la Casa Real, @casareal.es, situó expresamente en el marco de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, la cita que ha reunido en Madrid los días 4 y 5 de noviembre bajo el lema «Iberoamérica. Juntos construimos nuestra Comunidad. Juntos la proyectamos hacia el futuro y hacia el mundo».

La fotografía elegida por la Casa Real cuenta la temperatura del encuentro antes que cualquier palabra. Es de noche en La Zarzuela. Guterres acaba de bajar de su coche, un ujier con guantes blancos le sostiene la puerta, y el Rey ya está en la explanada para recibirlo, sonriente, con la mano tendida. Ambos ríen en el momento del apretón de manos. La escena, publicada para los 1,46 millones de seguidores de la cuenta, superó los 2.000 «me gusta» en sus primeras horas, una respuesta cálida para una audiencia de trabajo.

Foto: @casareal.es

Por qué el jefe de la ONU encaja en esta semana

Una cumbre iberoamericana es, por diseño, una reunión de familia: 22 naciones de habla española y portuguesa de Europa y América que comparan notas. Recibir en sus márgenes al secretario general de la ONU amplía la mirada de forma deliberada. La agenda propia de la comunidad esta semana ha ido de la accesibilidad a los negocios, el mismo terreno ciudadano que el Rey marcó cuando presidió la sesión plenaria poniendo a los ciudadanos en el centro esa misma mañana del jueves. Conversar con el máximo responsable de Naciones Unidas es el momento en que una comunidad regional contrasta su tarea con la del mundo: cooperación, desarrollo y la maquinaria cotidiana de la vida multilateral son la moneda natural de una audiencia así, y La Zarzuela, el palacio de trabajo del Rey, es el escenario que reserva para este grado de conversación.

Hay, además, una geografía personal en el apretón de manos. Guterres es portugués, antiguo primer ministro de Portugal, y Portugal no es un invitado en una cumbre iberoamericana: es familia, la mitad del propio nombre de la comunidad, por eso el fondo del escenario de esta semana se lee en dos idiomas, Cumbre y Cimeira. Un secretario general portugués recibido por un Rey español durante la cumbre guarda una simetría discreta: la comunidad presentando su rostro más global a uno de sus propios hijos, que llega no como visitante de Nueva York, sino como vecino que vuelve a casa por el camino largo.

Una semana de círculos que se ensanchan

Vista desde el jueves por la noche, la cumbre de Madrid ha sido un estudio de círculos concéntricos. Empezó en un teatro de ópera, donde el Rey dijo reconocerse en el espejo de Iberoamérica, como contó la crónica de Felipe VI en el espejo iberoamericano. Pasó por las salas donde se prometió una tarjeta para facilitar la vida a 90 millones de personas con discapacidad, en la presentación de la Tarjeta Iberoamericana de Discapacidad. Y se inauguró oficialmente cuando los Reyes abrieron la cumbre en el Teatro Real. La audiencia con Guterres es el instante en que el círculo se abre más allá de la propia comunidad. El Rey no recibió al jefe de la ONU como adorno ceremonial antes de empezar, sino después de que la plenaria hubiera hecho su trabajo. El orden de la semana cuenta su propia historia: primero se reúne la familia, después la familia dialoga, y luego el anfitrión abre la puerta de su palacio a la organización mundial. Pocas imágenes lo resumen mejor que un Rey en su explanada, de noche, riendo y con la mano tendida.

Foto: @casareal.es


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